PARQUE NATURAL DEL DELTA DEL EBRO

El Delta es el humedal más importante de Cataluña y se configura como un inmenso triángulo —casi una isla— rodeado de agua y unido a tierra firme por la que fue la antigua línea de costa. Un espacio en el que las barreras entre cielo y tierra, tierra y agua, agua dulce o salada, campos de cultivo o vegetación autóctona se confunden.

 

 

Patrimonio natural y cultural

 

La singularidad del Delta se expresa por su realidad física, geográfica, natural y, también, por sus particulares tradiciones, la cultura, el patrimonio arquitectónico y la historia. 

Los humedales, como el Delta del Ebro, son entornos muy productivos de los que innumerables especies de plantas y animales dependen para su supervivencia. Las marismas desarrollan muchas funciones vitales, como el almacenaje de agua, la protección contra los temporales, la estabilización de la costa, el reciclaje de nutrientes y contaminantes, etc. A su vez, también ofrecen beneficios económicos a las comunidades locales mediante la explotación tradicional de sus recursos naturales, mediante la pesca, la caza, la agricultura, la ganadería, las salinas y, más actualmente, el turismo.

En el caso del Delta, la confluencia del medio marino y continental da lugar a una elevada diversidad de especies de peces (unas 50). Por lo que respecta al grupo de las aves, en el Delta se han citado más de 360 especies, y acoge algunas de las colonias de cría de aves marinas más importantes del Mediterráneo. Está declarado zona de especial protección para las aves (ZEPA) y fue incluido en la Lista de humedales de importancia internacional (Ramsar) el 26 de marzo de 1993.

En el Delta, las altitudes por encima del nivel del mar nunca superan los 5 metros. A pesar de este escaso relieve, la riqueza en comunidades vegetales es considerable. Destacan los sosales, los carrizales, los dunares y el bosque de ribera, única formación forestal de la zona y muy dañado por la acción humana.

 

Paisaje

 

El paisaje del Delta tiene una fuerte personalidad. Las tierras totalmente planas le confieren un aspecto particular. Los extensos arrozales, cambiantes según las estaciones (terrosos en invierno, inundados de agua en primavera, verdes en verano), dominan la fisonomía del Delta. En la zona litoral encontramos uno de los paisajes más atractivos del Mediterráneo: grandes lagunas rodeadas por cañaverales y juncales. En la parte periférica, grandes extensiones de suelos salinos con salobrales y las largas y desiertas playas, con dunas coronadas de borrón y otras plantas muy adaptadas al medio.

En los dos extremos, dos flechas de arena fina, El Fangar y la punta de La Banya, rodean las ricas bahías de El Fangar y de Els Alfacs, respectivamente.

El padre del Delta, el río Ebro, transcurre por la llanura tranquilo y vigilante, antes de morir en el Mediterráneo, ¡dando vida!

 

Hábitats

 

El río

 

El río Ebro es el eje principal alrededor del cual gira toda la vida del Delta. En los treinta últimos kilómetros de su curso, el Ebro recorre la llanura deltaica hasta llegar a la desembocadura, donde se produce la mezcla entre el agua dulce continental y el agua salada marina. Este fenómeno determina que en este último tramo fluvial se produzca una gradación de la salinidad, que provoca la variación de especies diferentes que se adaptan a las aguas típicamente continentales, de intercambio o propiamente marinas. Este fenómeno tiene lugar también en otros puntos del Delta, como las lagunas y las desembocaduras.

El ecosistema fluvial comprende dos ambientes muy diferenciados: el ambiente ripario, representado por el bosque de ribera, y el ambiente acuático fluvial. La distribución del bosque de ribera se define por la influencia de la salinidad. En la zona más continental, de aguas más dulces, crecen principalmente álamos, olmos, alisos, fresnos, sauces, chopos y mimbreras. En cambio, en la parte en la que la influencia marina se manifiesta abiertamente, el bosque se empobrece y es sustituido por adelfas y tamarices. Sin embargo, este ambiente ha sido transformado casi totalmente por cultivos de huerta y actualmente solo encontramos vestigios de este en la isla de Gràcia, la isla de Buda y, sobre todo, en la isla de Sapinya.

El ecosistema acuático es un ambiente muy rico que conserva densas poblaciones de fitoplancton, invertebrados y almejas, como por ejemplo la Margaritifera auricularia, única población que todavía queda en el mundo. Además, en el río conviven varias especies de peces autóctonos, como la anguila, el barbo, la carpa y la lisa, y otras introducidas por el hombre, como el siluro y la gambusia. El ambiente fluvial, igual que la extensa red de riego que transporta el agua dulce por todo el Delta, constituye un ambiente favorable para los anfibios, las serpientes y las tortugas acuáticas, entre otras, que encuentran allí lugares de alimentación y refugio.

 

El mar y la bahía

 

En el Delta, el litoral está formado por dos ambientes marinos diferenciados: por un lado, el Mediterráneo se proyecta en un mar abierto, y por el otro, dos penínsulas de arena van cerrando el mar, formando dos bahías, la de El Fangar y la de Els Alfacs.

Las aguas de la costa, expuestas a una gran renovación, son ricas en nutrientes, que alimentan la gran concentración de algas planctónicas que constituyen la base de la cadena trófica marina, formada por una gran variedad de grupos zoológicos.

En el interior de las bahías las aguas son más tranquilas y estancadas. La profundidad varía de 1 a 8 m y el fondo está cubierto de extensas praderas de algar. Estas condiciones favorables son aprovechadas tanto por las aves marinas que encuentran allí su alimento como por el hombre, que, además de explotar los recursos directamente, instala plataformas de cultivos marinos, principalmente mejillones

 

Playas y dunas

 

Cuando los sedimentos transportados por el río entran en contacto con el mar, van perdiendo fuerza y el oleaje marino se encarga de depositarlos y redistribuirlos a lo largo del litoral, formando la playa. En el Delta encontramos extensas playas arenosas, donde se ha originado el paisaje dunar más extenso de Cataluña, que sin duda se ha convertido en el ambiente que aporta más importancia internacional al Parque por su excepcional estado de conservación. Las dunas dependen de su proximidad al mar y de la influencia de los vientos, que transportan los sedimentos de las playas tierra adentro formando pequeños promontorios de arena. Este efecto y este dinamismo hacen imposible el arraigo de cualquier tipo de vegetación y dan lugar a las dunas móviles.

Lejos de esta influencia, las dunas son más estables y aparecen unas comunidades vegetales, denominadas psamófilas, que tienen que adaptarse a las duras condiciones de vida que imponen las particularidades físicas del sustrato: una cierta movilidad del suelo, una alta permeabilidad y un elevado índice de reflexión solar. Estas plantas, como por ejemplo la cizaña de playa, el borrón y el lirio de mar, crecen sobre las dunas más elevadas. Tras las dunas se forma una espléndida comunidad vegetal, que en primavera y en verano presenta flores de una extraordinaria belleza, como por ejemplo la uña de gato y la verdolaga.

La fauna de las dunas es muy variada con la presencia de algunos coleópteros de gran tamaño, así como de algunos reptiles, como la lagartija colirroja y la lagartija colilarga. Las playas y dunas acogen grandes concentraciones de charranes, gaviotas y limícolas, que utilizan estos espacios para hacer sus nidos y para alimentarse tanto en el interior del mar como en la zona en que rompen las olas.

 

El salobral y las salinas

 

Situado en la zona de detrás de las dunas, al límite con la playa, el salobral o sosar es un ambiente que está bajo la influencia directa del mar. Los suelos arcillosos-limosos que ocupa están a menudo inundados y, por lo tanto, el grado de salinidad es muy elevado. En este ambiente crecen las plantas halófilas, que tienen dos estrategias de adaptación: por un lado, las que acumulan sales y agua en sus tejidos, como por ejemplo las salicornias, y por otro, las que excretan activamente la sal, como los limoniums. Estos ambientes presentan uno de los grupos de vegetación más amenazados en Europa, por lo que el delta del Ebro está considerado de importancia internacional para la conservación de este tipo de hábitats. Aquí perviven algunas plantas de gran interés, como la sosa alacranera, el limonium, la verdolaga y la sosa de flor, que solo crece en el hemidelta sur.

Los sosares son, además, el lugar de cría de especies de interés como el chorlitejo patinegro, la perdiz de mar y el charrán pequeño, y son el lugar de alimentación para los limícolas y varios grupos de aves marinas.

En las zonas próximas al mar las tierras quedan muchas veces inundadas durante meses. Con la evaporación, sube la concentración salina del suelo hasta que se forman los cristales en la superficie y se produce de manera natural la sal.

Actualmente, la única salina del Delta productiva comercialmente es la de La Trinitat, en la punta de La Banya, con una producción anual de 50.000 t. Las salinas son el hábitat de microorganismos, como pequeños gusanos y crustáceos, que alimentan a especies tan valiosas como el flamenco, la avoceta y el tarro blanco.

 

Las lagunas

 

Las lagunas del Delta son balsas litorales conectadas directamente con el mar y rodeadas por los arrozales, circunstancias que determinan su delimitación de la frontera entre el medio marino y el medio acuático continental. Estas lagunas de naturaleza salina reciben durante el ciclo productivo del arroz, de marzo a octubre, grandes aportaciones de agua dulce, lo que provoca oscilaciones en el nivel de salinidad. Esta variación de niveles y de profundidad, que normalmente es de 40 a 100 cm, hace que los vegetales que ocupan estos ecosistemas sean diversos según sus preferencias acuáticas. De este modo, encontramos los helófitos, que pueblan los márgenes de este ambiente, y los hidrófitos, que son los vegetales que crecen completamente sumergidos en el agua. En las zonas más profundas se forman praderas de macrófitos, plantas que reciben el nombre local de llapons y que, junto con los organismos microscópicos que allí se desarrollan, son el alimento de muchos peces y aves.

Las balsas son un gran escaparate durante todo el año de la ornitofauna del Delta. En invierno, grandes concentraciones de anátidos, fochas, cuervos marinos y flamencos se complementan en primavera y en verano con las colonias de cría de ardeidos y fumareles.

La laguna es uno de los ambientes con mayor variabilidad ictiológica por la relación que se establece con los cambios de las condiciones fisicoquímicas de sus aguas. Especies como lisas, lubinas, doradas, anguilas, lenguados y carpas pueblan la balsa y son capturadas por los pescadores de la Cofradía de Sant Pere, que tiene la concesión de la pesca en las lagunas desde el mes de octubre hasta marzo.

 

Los ojales

 

Los ojales son afloramientos de agua dulce que aparecen en las zonas de turberas. Estas surgencias se originan a partir de las aguas de la lluvia, que se infiltran a través de las rocas permeables de las montañas. Al chocar con los sedimentos impermeables, el flujo de agua subterránea emerge a la superficie y se forman unas pequeñas balsas circulares, que sugieren la forma de un ojo, de donde viene el nombre de ojales.

En el Delta, los ojales se sitúan al límite entre la llanura deltaica y el continente, y se forman a partir de las lluvias de la sierra de El Montsià y de Els Ports. Tienen una profundidad que oscila entre los 2,5 y los 6 m, y un diámetro que va de los 5 a los 55 m. En cuanto a la flora y la fauna, presentan diferencias notables con el resto de la llanura deltaica. Las especies que se adaptan a este microhábitat necesitan las condiciones de las aguas dulces y cristalinas y su temperatura constante durante todo el año, que es de 17-18 °C. Su flora es muy peculiar, con el sorprendente nenúfar blanco y la utricularia, única planta insectívora del Delta. Los ojales son, además, el hábitat de varias especies de peces, entre las que destacan el blenio de río, el fartet y el samarugo, especies endémicas de la península Ibérica, que están en peligro de extinción.

La fertilidad de las tierras de turba que rodean los ojales ha condicionado su aprovechamiento para la agricultura, lo que dificulta su conservación.

 

El arrozal

 

Con 21.000 ha de cultivo, el arrozal es el ambiente que domina la fisonomía del Delta y representa un ecosistema de gran importancia, ya que la necesidad de estar inundado de manera permanente durante todo el proceso productivo hace que actúe como un humedal temporal. Esta presencia de agua dulce favorece que los arrozales estén poblados por miles de organismos (algas, crustáceos, insectos...), que se convierten en un recurso alimentario para la subsistencia de una parte muy importante de la avifauna, sobre todo de los ardeidos, los láridos y los anátidos.

El ciclo del arroz se inicia en noviembre, cuando tras la cosecha se cierra el paso del agua y empieza la desecación de los campos. En invierno, miles de patos, limícolas, fochas, ardeidos y gaviotas llegan para alimentarse. En abril, los campos se inundan hasta que la llanura parece un inmenso espejo, donde vuelven las aves migratorias, los peces y los anfibios; es el momento de sembrar los campos. En junio, los arrozales ya han crecido y están verdes. En agosto, la época de cría ya ha pasado, los polluelos y los adultos se refugian del calor, bajo las espigas doradas. En septiembre empieza la cosecha, mientras las aves estivales se van y llegan las invernantes.

Junto con la planta del arroz, crecen otros vegetales que el labrador local denomina malas hierbas, las cuales, igual que el arroz, tienen un origen tropical de procedencia africana, asiática o afroasiática. Las más comunes son la chufa (Cyperus longus), el mijo (Echinochloa crus-galli), Ammananida coccinea y Potamogetum nodosus.

En definitiva, el cultivo del arroz, además de permitir la conservación del ecosistema y el equilibrio de la ornitofauna del Delta, tiene una función importantísima de control y reducción del índice de salinidad del suelo y, evidentemente, su continuidad es básica y vital para el mantenimiento de la gente del Delta.

 

 

La huerta

 

Normalmente se localiza en la zona de contacto con la plataforma continental, así como también sobre las orillas fluviales, donde la estructura del suelo es más elevada, menos salina y más productiva. El paisaje de huerta, formado por hortalizas y frutales, está integrado en pequeñas parcelas distribuidas dentro de una trama urbana bastante dispersa, pese a que hay algunos latifundios producto del plan de saneamiento de los años cincuenta y sesenta.

La apropiación para el cultivo de huerta de las tierras fértiles limítrofes al río ha sido la causa de la degradación y la desaparición en muchos tramos fluviales del bosque de ribera que antiguamente poblaba sus orillas. Una gran parte de las plantas que se cultivan son americanas, como la patatera y la tomatera, o asiáticas, como los cítricos y la melonera.

La fauna invertebrada asociada a los cultivos de huerta se alimenta de las especies cultivadas. Ejemplos típicos son los caracoles, el escarabajo de la patata y la oruga de la col. Las aves son el grupo de vertebrados más diversificado, entre los que destacan el mirlo, el jilguero y la vistosa abubilla, entre otras.

Este espacio humanizado se ha convertido en otro ambiente representativo de la diversidad ecológica del Delta.

 

Flora y vegetación

 

El poblamiento vegetal del Delta, por sus peculiaridades, es único en Cataluña, no tanto por su potencial cuantitativo (los últimos catálogos señalan más de 700 especies) como por la rareza de sus comunidades vegetales.

Los salobrales o sosares, con plantas muy bien adaptadas a la sal que se concentra en sus tejidos y que les permite mantener una elevada presión osmótica para evitar la desecación, están, sobre todo, en los puntos de contacto del Delta con el mar, por la salinización que produce la acción directa del mar y la salinidad de la capa freática.

En dichos salobrales suelen aparecer dunas conocidas en la zona como tores y muntells (desnivel del terreno en un regadío del Delta de l'Ebre que debe ser nivelado), fijadas más o menos por la vegetación. En una primera etapa se encuentra el barrón (Ammophila arenaria) y la lecheruela (Euphorbia paralias); después se va diversificando el poblamiento, con un primer anillo de Sporolobus arenarius, por encima las azucenas de mar (Pancratium maritimum) y en las zonas más elevadas y maduras, Ononis natrix, Thymelaea hirsuta, Saccharum ravennae, y, en la zona deltaica septentrional, aparece, en la última etapa, la rara Limoniastrum monopetalum.

Los carrizales están en gran parte de la superficie deltaica, donde hay una capa freática muy elevada que suele estar cubierta de agua, con plantas muy características: carrizos (Phragmites communis) y cañizas (Phragmites communis chrysanthus), acompañados de algunas correhuelas (Convolvulus sepium). En las partes donde el agua es más profunda y estable aparecen juncias bastas (Cladium mariscus), eneas (Typha sp.) y Carex sp. Esas dos últimas especies han sido objeto de explotación (para fabricar asientos de sillas, esteras, cestos, etc.).

En el interior de las masas de agua de los estanques hay macrófitos (Najas, Ruppia, etc.) directamente relacionados con la riqueza ornitológica y piscícola de esos hábitats.

Los bosques de ribera, única comunidad forestal deltaica, aparecen a orillas del Ebro, donde el terreno es más elevado y la presencia de agua es constante. La alameda ocupa los lugares más altos y en las partes más bajas aparecen sauces (Salix alba), aunque también es frecuente ver alisos, fresnos, olmos, mimbreras y otros árboles de carácter subespontáneo, como los chopos, los eucaliptos, las acacias blancas, los plátanos y especies de interés como la madreselva (Lonicera biflora). En la zona de influencia más marina, el bosque se va empobreciendo hasta que tan sólo quedan tarayes.

En los ojales (pequeños lagos de agua dulce) se forman especies como el nenúfar blanco (Nymphaea alba) o la espiga de agua (Potamogeton sp.), que, por su forma de invadir canales y arrozales, resultan bastante problemáticas para la agricultura.

Los arrozales se comportan como pequeñas balsas gran parte del año, y además de las plantas citadas, hay eneas, lentejas de agua (Lemna sp.), lentibularias y otras que se han perfilado como los vegetales adventicios más notables de esa flora: el palo de agua (Ammania coccinea), la Bergia aquatica y la Lindernia dubia.

 

Fauna


La diversidad de hábitats y el clima húmedo y moderado favorecen la aparición de muchos  invertebrados. Las sanguijuelas eran tan abundantes que las piernas tenían que estar bien cubiertas en los arrozales y, además, cada año se exportaban centenares de miles a lugares muy remotos.

Mientras que algunas especies han desaparecido, como el hemíptero Naucoris maculatus (conocido en el Delta como cutimanya), crece el número de ejemplares del crustáceo Procamburus sp. (el cangrejo de río americano).

Los mosquitos, el insecto más conocido y característico, han provocado que ya desde 1917 (a petición de la Mancomunidad de Cataluña) se luche sistemáticamente contra el paludismo, endémico en el sector. Hay infinidad de especies de lepidópteros que atacan los conreos y algunas son interesantes desde el punto de vista zoográfico, como la Chilo supressalis, la Borbo zelleri o la excepcional presencia de Danaus sp. En los arrozales hay muchas especies de pequeños e interesantes crustáceos, como la Apus cangriformis.

Con una base de fauna entomológica tan extensa, hay una buena representación de predadores: araneidos como la Argiope lobata u odonatos como las libélulas (Libellula sp.) y los Calopterix sp. Al atardecer, en verano, bandadas de efímeras (Polymitarcis virgo) se precipitan a los puntos de luz.

Los coleópteros también gozan de una nutrida representación y su papel en los diferentes ecosistemas resulta primordial: Hydrophilus en los arrozales y sus agresivas larvas, Pimelia en los arenales, Scarabeus, Anoxia, Amphimalon, Elenophorus, etc.

Con respecto a la herpetofauna, destacamos las numerosas serpientes de agua. Sin embargo, las tortugas son poco frecuentes y las ranitas meridionales (Hyla meridionalis) casi están extinguidas; tan sólo la rana común (Rana perezi) mantiene una población elevada. Entre los sapos encontramos el común y el de espuelas. El discoglossus está repartido aisladamente por todo el Delta. Las lagartijas (Podarcis hispanica) están en todas partes y en las playas corretean lagartijas colilargas (Psammodromus algirus) y otras especies (como la Acanthodactylus erythrurus). Las salamanquesas comunes son escasas y las rosadas (Tarentola mauritanica y Hemidactylus turcicus) se concentran en las edificaciones.

La avifauna del Delta es la más característica y su importancia cuantitativa y cualitativa rebasa el interés local y tiene una gran importancia internacional. Por ello, el Delta de l'Ebre se perfila en diversas convenciones como una zona de máximo interés para colonias de cría, anátidos, limícolas y aves marinas, y para el paso de aves migratorias invernantes, siempre incluida en la categoría A, de prioridad de protección urgente.

Este hecho resulta evidente sobre todo en otoño; entre octubre y noviembre, tras recoger el arroz, los campos aún están anegados y miles de aves acuáticas, que pasan en migración o inician su invernada, los invaden. En el caso concreto de los patos, durante los meses de noviembre de 1980 y 1981 se contaron más de 75.000 ejemplares, además de unas 16.000 fochas. La situación normal en otoño es una media de 53.000 patos y 13.000 fochas, y en invierno 26.000 y 5.000 respectivamente. Esas cifras representan más del 90% de los patos de Cataluña en invierno y un 10% de los invernantes en la Península Ibérica.

Especies de gran interés son, entre otras, el pato cuchara (Anas clypeata) y el silbón europeo (Anas penelope), aunque el grueso importante de ejemplares lo compone el ánade real (Anas platyrhyncos).  También es interesante citar el tarro blanco (Tadorna tadorna), el ánade friso (Anas strepera), la cerceta común (Anas crecca) y el porrón común (Aythya ferina).

Dentro de otros grupos de pájaros resulta interesante mencionar el aguilucho lagunero (Circus aureginosus), el búho campestre (Asio flammeus), el avetoro (Botaurus stellaris), el avetorillo (Ixobrychus minutus), el martinete (Nycticorax nycticorax), la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), la garcilla bueyera (Bubulcus ibis), la garceta común (Egretta garzetta), la garza real (Ardea cinerea), la garza imperial (Ardea purpurea), el flamenco (Phoenicopterus ruber), el somormujo lavanco (Podiceps cristatus), el rascón (Rallus aquaticus), la polluela chica (Porzana pusilla), la folcha común (Fulica atra), el ostrero (Haematopus ostralegus), la cigüeñuela (Himantopus, himantopus), la avoceta (Recurvirostra avosetta), la canastera (Glareola pratinicola), la gaviota picofina (Larus genei) y la gaviota de Audouin (Larus audounii), entre muchas otras.

El número de ejemplares de pájaros varia entre los 50.000 y los 100.000 distribuidos en unas 330 especies que representan el 60% de las especies de Europa, y con una nomenclatura local que incluye unos 250 nombres y la convierte en una de las más ricas del mundo.

Los peces son abundantes por el importante papel que el agua tiene en el Delta y por los distintos grados de salinidad, que van desde los niveles insignificantes de los ullals hasta el mar, pasando por las confluencias del río con éste. El número de esturiones y lampreas ha decrecido drásticamente, así como el de alosas (Alosa sp.). No obstante, han aparecido especies nuevas como la perca negra (Micropterus salmoides), el lucio (Esox lucius), el pez gato (Ictalurus nebulosus) y el siluro (Silurus glanis). Además de esas especies, más bien escasas, hay otras muy abundantes: mugílidos, ciprínidos, serránidos, etc. de las que se pescan cientos de toneladas cada año. Las anguilas siempre han sido una pesca tradicional (de 30 a 50 toneladas anuales y más de 5 t de angulas). Las especies marinas de mojarras, corvinas, verrugatos y salmonetes también han dado justa fama al litoral deltaico.

En lo que se refiere a los mamíferos, la intensa humanización del Delta provoca una presencia esporádica de grandes mamíferos (como en el caso de jabalíes y tejones), aunque consta la presencia de ciervos y corzos en épocas anteriores. Actualmente, hay algunos conejos comunes y se crían zorros; quedan pocos ejemplares de nutrias, erizos y comadrejas. Son muy abundantes las ratas de agua, los ratones y las musarañas (Crocidura sp.). El poblamiento de murciélagos, muy abundante en el pasado, ha decrecido considerablemente.

 

Hidrología y Geología

 

 

Geología

 

El origen del delta del Ebro hay que buscarlo justo en el momento en que el río Ebro se abrió paso hacia el Mediterráneo, atravesando el extremo SW de las Montañas Catalanídicas. Durante gran parte del paleógeno y del neógeno, la cuenca del Ebro conformó un sistema endorreico, cerrado en el Mediterráneo. La apertura de la cuenca terciaria del Ebro data de unos 5,3 millones de años. Las primeras evidencias geológicas corresponden a la presencia de los primeros conglomerados poligénicos de origen fluvial en el tramo inferior del valle del Ebro y a la finalización de la sedimentación evaporítica en la cuenca terciaria del Ebro. Los sedimentos correspondientes al plioceno medio y superior (aproximadamente de unos 3,5 millones de años) ponen de manifiesto una primera progresión costera vinculada al río Ebro. El delta pliocénico debía de tener una extensión igual o superior a la actual, tal y como muestran las secuencias estratigráficas obtenidas a partir de los sondeos petroleros próximos a la costa del delta. Algunos estudios recientes sugieren que los procesos deltaicos han tenido continuidad a lo largo de todo el cuaternario, comprendiendo los últimos 1,8 millones de años. Sin embargo, durante el período holocénico se produjeron cambios en la localización y en la superficie de tierra emergida causados por las variaciones del nivel del mar asociadas a las fluctuaciones glaciales.

La alternancia climática característica del holoceno (glacial-interglacial), con las consiguientes variaciones cíclicas del nivel del mar, determinó la alternancia de períodos deltaicos progradativos y regresivos. El máximo del último período glacial (Würm) tuvo lugar hace unos 18.000 años, momento en el que el nivel del mar se encontraba a unos 120 m por debajo del actual. El ascenso eustático del nivel del mar, asociado al calentamiento general del planeta, no se produjo de una forma uniforme, sino que tuvo lugar mediante pulsaciones transgresivas que se alternaron con períodos de estabilización y pequeños procesos regresivos.

Hasta hace poco, la hipótesis más aceptada para explicar el desarrollo del actual delta durante el holoceno superior partía de una situación inicial con una costa de tipo estuario, como producto de la inundación durante el último ascenso eustático del mar. Por otra parte, una reconstrucción más documentada del desarrollo deltaico durante los últimos tres milenios muestra que en el holoceno superior el delta del Ebro ya debía de tener una considerable extensión y sugiere que el frente deltaico sobrepasaba la actual isla de Gràcia (figura 1). A partir del último milenio, los datos cartográficos son más abundantes y permiten una reconstrucción mucho más exacta. Durante los siglos VI y X, tuvo lugar el máximo desarrollo del lóbulo meridional (Riet Vell), que probablemente alcanzó una penetración máxima de unos 25 km mar adentro. El primer mapa que cubre esta área se publicó en el año 1580 (Atlas de Mercator-Hondius) y muestra claramente el importante desarrollo del lóbulo septentrional (Riuet de la Saida). El abandono del lóbulo meridional tuvo como consecuencia directa el retroceso de la línea litoral de este lóbulo, así como también la formación de la punta de La Banya y la barra de El Trabucador, proceso que se prolongó durante los siglos posteriores. Hacia el año 1700, cuando el lóbulo septentrional ya había alcanzado su máximo desarrollo, tuvo lugar un nuevo cambio de desembocadura cerca de la actual población de La Cava. Este cambio, posiblemente favorecido por el hombre, provocó la colmatación de la bahía existente entre los lóbulos meridional y septentrional, así como el desarrollo del lóbulo central. Los mapas de los siglos XVIII-XIX muestran la rápida progresión del lóbulo central, la génesis de la punta de El Fangar (producto del abandono y la erosión del lóbulo septentrional) y la remodelación de la punta de La Banya.

Finalmente, durante los siglos XX-XXI se ha producido una relativa estabilización de la morfología deltaica, causada en gran parte por las modificaciones hidrológicas realizadas por el hombre en la cuenca. El desarrollo del delta del Ebro durante el último siglo está determinado por dos hechos: la apertura en el año 1937 de una nueva desembocadura (bocana de Sorrapa) y el incremento del número de embalses en la cuenca del Ebro, que retienen cerca del 99,9% del transporte de sedimentos del río. La apertura de la bocana de Sorrapa ha provocado la formación de la laguna de El Garxal. Por otro lado, el balance sedimentario negativo existente en la bocana de Levante ha ocasionado el retroceso de la línea de costa al cabo de Tortosa, medido en unos 1.500 m durante el período 1957-1989, es decir, unos 70-80 m año–1.

Durante el siglo XX se han construido unos 200 embalses en toda la cuenca del Ebro, lo que ha provocado la retención de aproximadamente el 99,9% de la descarga sólida que llevaba el río a finales del siglo XIX y una disminución de la frecuencia y la magnitud de las riadas. Las consecuencias de este cambio se expresan en dos tipos de déficit sedimentario: a) déficit en el ápice del lóbulo actualmente activo (bocana de Sorrapa), y b) déficit en la llanura deltaica.

El déficit sedimentario en la actual desembocadura ha conducido a una parada del crecimiento del delta en esta zona, área en la que se debería producir el máximo desarrollo en condiciones naturales. En esta situación, las fuerzas marinas prevalecen sobre los impulsos constructivos fluviales y el contorno deltaico va tomando progresivamente un nuevo perfil de equilibrio, regido principalmente por las condiciones de oleaje. Puesto que el balance sedimentario actual de arenas es nulo (considerando globalmente todo el delta), no se produce una pérdida de la superficie total emergida, sino una redistribución de los sedimentos litorales. En este sentido, se pueden identificar áreas regresivas, que son compensadas por un crecimiento en otras zonas, sobre todo en las flechas litorales (punta de El Fangar, punta de La Banya).

Otro efecto importante de los embalses es el laminado de las avenidas fluviales, lo que provoca una disminución de las aportaciones sedimentarias sobre el conjunto del delta. Este déficit sedimentario en sentido vertical hace que el balance entre la acreción vertical y la subsidencia sea negativo en la mayor parte de la llanura aluvial. La subsidencia es un proceso natural que afecta a todas las zonas sedimentarias y se produce por la compactación, la consolidación y la deshidratación de los sedimentos, así como también, a veces, por el hundimiento tectónico del zócalo sobre el que reposa el cuerpo sedimentario deltaico. En las zonas litorales, la disminución de la elevación del terreno ocasionada por la subsidencia es incrementada actualmente por el ascenso eustático del nivel del mar por efecto del calentamiento climático. En el delta del Ebro, la subsidencia media a lo largo de todo el cuaternario ha sido valorada en unos 0,09-0,3 mm año–1. Para períodos más cortos (últimos centenares de años), la tasa aumenta hasta una media de 3,2 mm año–1. Otras estimaciones a más corto plazo (decenas de años) dan valores comprendidos entre 3 y 6 mm año–1, en las zonas más modernas, y entre 1 y 2 mm año–1, en las más antiguas.

Actualmente en el delta del Ebro podemos distinguir tres tipos de ambientes sedimentarios: la llanura deltaica, los ambientes litorales y los ambientes marinos.

La llanura deltaica comprende la mayor parte de las tierras emergidas e incluye dos tipos de medios sedimentarios: los ambientes fluviales y los ambientes lacustres y palustres. Los primeros están representados por los canales fluviales y los terraplenes aluviales naturales que los rodean (levees), formados por arenas de granulometría media y por limos. Los ambientes lacustres y palustres se localizan en las zonas húmedas regular o permanentemente inundadas, en general asociados a las masas de agua de las lagunas litorales, marismas y ojales.

Los ambientes litorales y de transición son ambientes sedimentarios de influencia fluvial en los que se produce un retrabajamiento, más o menos intenso, de los sedimentos por parte de los agentes marinos (oleaje y temporales). Estos ambientes están representados básicamente por el frente deltaico, formado por las barras arenosas en forma de media luna y asociadas a la progradación deltaica, cerca de la actual o de las antiguas desembocaduras. Los materiales que las forman presentan una granulometría bastante homogénea, básicamente arenosa. Las playas, las barras litorales y las flechas son formaciones litorales holomarinas, originadas a partir del frente fluvial deltaico, que son removilizadas por el mar, o bien a partir de la erosión de los antiguos lóbulos deltaicos.

Los ambientes marinos se pueden clasificar en ambientes de bahía, de prodelta y de plataforma.

El ambiente de bahía se desarrolla en las masas de agua marina que quedan confinadas por las flechas litorales, aunque quedan conectadas ampliamente con el mar abierto por bocanas permanentes.

El ambiente de prodelta se localiza en los ambientes sumergidos litorales y constituye la transición entre los sedimentos fluviomarinos y los marinos. Está formado principalmente por materiales terrígenos finos con un notable contenido de materia orgánica de origen terrestre.

El ambiente de plataforma continental se localiza a mar abierto, a una profundidad superior a los 100 m, y es un ambiente sedimentario relicto, asociado al último descenso eustático postglacial.

 

Hidrología

 

El principal elemento de la red fluvial es, obviamente, el río Ebro. Se trata de un río de carácter marcadamente mediterráneo, con un caudal muy irregular, tanto en relación con las variaciones mensuales como las anuales. No obstante, el caudal medio de este río ha ido disminuyendo en las últimas décadas por efecto de un aumento del consumo de agua en toda la cuenca. El caudal medio anual en Tortosa durante el período de 1912-2001 ha sido de unos 12.729 hm3 año–1 y el intervalo de variación ha oscilado entre 4.284 y 28.692 hm3 año–1. A lo largo del tramo deltaico, el Ebro se comporta hidrológicamente como un estuario, ya que en el fondo del cauce del río, desde Tortosa hasta la desembocadura, presenta una elevación inferior al nivel medio del mar. Por este motivo, en ausencia de descarga fluvial, el agua marina penetraría a través del cauce del río hasta esta población.

Actualmente, el río Ebro presenta tres desembocaduras: la bocana de Migjorn (tan solo abierta excepcionalmente en períodos de fuertes caudales), la bocana de Llevant (obstruida artificialmente) y la bocana de Sorrapa.

 

 

Las bahías

 

Las bahías del delta del Ebro (Alfacs y Fangar) se han formado por el aislamiento parcial de un cuerpo de agua marina por una flecha litoral.
Constan de una amplia plataforma somera, de unos 0-1,5 m de profundidad, que bordea todo el margen externo de la bahía. Esta plataforma enlaza al centro de la bahía con un talud de considerable pendiente, que alcanza progresivamente el fondo más profundo de la cubeta (aproximadamente unos 4 m en la bahía de El Fangar y unos 6 m en la de Els Alfacs).

En el aspecto oceanográfico, las bahías son cuerpos de agua costera parcialmente cerrados, pero con conexiones libres con el mar. El agua de este medio tiene un origen principalmente marino, aunque siempre se encuentra diluida por las entradas de agua dulce de origen continental. En condiciones normales de escaso hidrodinamismo, se produce una estratificación muy marcada de tipo halino y térmico. El agua marina, de una salinidad del 37-38‰, se localiza en la parte más profunda de la cubeta. Por encima de esta capa, tiende a flotar una masa de agua salabrosa de menor densidad.

La entrada más importante de agua marina se realiza a través de las bocanas, aunque los fuertes temporales de levante pueden provocar unas notables entradas al sobrepasar las flechas litorales. Las aportaciones de agua dulce tienen un origen más variable: precipitaciones, descarga de acuíferos, etc. Aun así, el volumen más importante procede del rebosamiento del agua del drenaje de los arrozales a través de algunos canales localizados en los bordes de las bahías.

 

Arrozales y red de canales agrícolas

 

Actualmente, cerca del 65% de la superficie del delta del Ebro se dedica al cultivo del arroz. Dadas las características salinas de gran parte de los suelos, este cultivo necesita unas condiciones de inundación con agua dulce a lo largo del período de crecimiento de la planta (abril-septiembre). La inundación se asegura mediante una red de irrigación jerarquizada y bastante compleja. El agua es captada en la azuda de Xerta (a unos 60 km de la desembocadura) y se transporta por gravedad a través de dos canales, uno a cada lado del río (el canal de La Dreta y el canal de L'Esquerra). Una vez alcanzan el delta, se empiezan a ramificar sucesivamente, formando una red de tipo capilar, hasta que llegan a las parcelas de cultivo.

Cada unidad básica de cultivo (llamada quadro) tiene generalmente una forma cuadrangular y está separada del resto de parcelas por un margen sobresalido de tierra, denominado cordó (‘cordón'). La entrada del agua tiene lugar por un punto, denominado bocana, y sale por el extremo opuesto de la parcela. El agua circula permanentemente durante el período de crecimiento de la planta cultivada y es recogida mediante una red de drenaje análoga a la de irrigación. Los desagües resultantes finales vierten las aguas, normalmente por gravedad, en las bahías o a mar abierto y, en algunos casos, en las lagunas. En los últimos decenios, se ha construido un sistema de bombas que fuerzan el drenaje en algunos períodos del año.

El agua vertida por los drenajes de los arrozales tiene efectos importantes sobre otros sistemas acuáticos como las lagunas litorales (inversión del ciclo hidrológico, disminución de la salinidad, etc.) y las bahías (motor de la circulación estuarina, entrada de nutrientes, etc.). Por otro lado, los drenajes agrícolas tienen también una notable incidencia sobre el flujo de agua en las zonas de ojales, ya que interceptan parte de la descarga de agua dulce subterránea. Actualmente, este efecto se alarga más allá del período de inundación de los arrozales (de diciembre a abril), porque, a menudo, las bombas de los tramos finales de los drenajes continúan en funcionamiento durante los meses de invierno.

En términos ecológicos, los arrozales se pueden definir como humedales temporales y someros, y con unas características fisicoquímicas y una dinámica temporal fuertemente influenciadas por las actividades humanas. El hombre es el principal elemento regulador del sistema y lo hace con la finalidad de favorecer la producción de la especie cultivada. La regulación se realiza a través de intervenciones directas de diferente carácter (trabajos mecánicos sobre el sedimento; aportaciones de agua, nutrientes y fitocidas; etc.).

 

Los ojales

 

Los ojales son fuentes o surtidores naturales que inundan zonas más o menos extensas denominadas marjales. El agua de estos surtidores procede de las precipitaciones que caen en las cordilleras vecinas (Ports, Montsià, Boix-Cardó) y que se infiltran fácilmente gracias a la naturaleza cárstica y fisurada de estos relieves. De hecho, las áreas de ojales corresponden a las zonas de descarga del acuífero que se extiende entre estas sierras y el delta del Ebro. Los materiales aluviales deltaicos, poco permeables, actúan como un tapón frente al flujo subterráneo, lo que provoca un afloramiento ascendente del agua, tal y como sucede con los pozos artesanos. Por este motivo, los ojales se localizan principalmente en la zona de contacto entre los materiales pliocuaternarios y los holocénicos deltaicos, es decir, a lo largo del margen interno del delta del Ebro, desde Amposta hasta Sant Carles de la Ràpita y desde Amposta hasta L'Ampolla. No obstante, algunos de estos puntos se sitúan en el mismo cauce del río (peceras) o, incluso, en el fondo del mar o en la misma línea litoral.

En el interior de la llanura deltaica han sido identificadas tres zonas principales de surgencias, que coinciden con las áreas turbáceas de mayor potencia: ojales de Baltasar y de Panxa, ojales de Els Erms de Vilacoto y ojales de L'Aldea. De todos, actualmente solo son funcionales los ojales de Baltasar y los de Panxa. En Els Erms de Vilacoto, dentro del término municipal de Sant Carles de la Ràpita, únicamente quedan dos ojales importantes: el de Mal Morta y el de El Tronc. Probablemente, dejaron de ser funcionales a mediados del siglo xix, a raíz de la construcción de los canales de drenaje agrícolas durante la fase de expansión del cultivo del arroz. La práctica totalidad de los ojales de L'Aldea han desaparecido, ya que fueron obturados artificialmente. Hoy en día, tan solo hay constancia del flujo subterráneo gracias al agua que recoge el desagüe de la Sèquia Sanitària durante el invierno, fuera del período de cultivo del arroz.

En términos generales, los ojales tienen una forma aproximadamente circular, con un diámetro comprendido entre 3 y 50 m, y una profundidad que puede variar entre 2,15 y 7 m. No obstante, en algunos casos se produce una fusión de diferentes cubetas y entonces el ojal resultante presenta forma de ocho o tiene un contorno irregular. Las cubetas están excavadas en un manto de turba que, en la zona de los ojales de Baltasar, logra una potencia máxima de 7 m. El perfil batimétrico de cada cubeta suele tener forma de embudo con unas paredes casi verticales. En el punto central y más profundo de cada cubeta se suele localizar la zona de alimentación del ojal. El agua que fluye por el ojal es drenada en superficie, mediante un canal de drenaje a menudo artificial, o bien subterráneamente por difusión a través de los materiales turbáceos.

 

Aguas subterráneas

 

El sistema hidrogeológico del delta del Ebro es bastante complejo y está formado por tres acuíferos principales: el acuífero superficial, el acuífero intermedio y el acuífero inferior.

El acuífero superficial, mayoritariamente libre, presenta una potencia bastante homogénea de unos 5-10 m. Los materiales predominantes son las arenas finas, producto de la progradación holocénica de la línea litoral deltaica, si bien hay intercalaciones de algunos paleocanales fluviales, depósitos arcillosos de laguna y formaciones turbáceas en los ambientes palustres. El nivel piezométrico de este acuífero se localiza normalmente a escasos decímetros de profundidad. En condiciones naturales, la salinidad de las aguas sería muy variable. En los ambientes fluviales y palustres (ojales, río y zonas de influencia) predominarían las aguas dulces, mientras que hacia el mar, gracias a la alta permeabilidad y a la escasa elevación del terreno, se favorecería la intrusión marina. Actualmente, el ciclo de inundación con agua dulce de los arrozales, que afecta a la mayor parte de la llanura aluvial, y la densa red de canales de drenaje provocan un lavado de las sales en los niveles más superficiales del acuífero superficial. Por este motivo, las aguas subterráneas son hoy moderadamente salinas en la capa más superficial de este acuífero (1-3 m) y bastante salinas, o incluso hipersalinas, en la parte basal. Por otro lado, la disminución de la descarga fluvial y de las inundaciones ha provocado una permanencia más prolongada de la cuña salina y un incremento de la salinidad en el freático de las áreas fluviales adyacentes. La alternancia de materiales geológicos de diferentes permeabilidades (arenas litorales, limos fluviales, fangos de laguna, etc.) ocasiona la semiconfinación de este acuífero en algunas zonas. Una consecuencia de este hecho es, por ejemplo, la formación de extensos niveles de salmueras, producto de la evaporación del agua marina que ha quedado aislada en algunos depósitos arenosos.

El acuífero intermedio presenta una permeabilidad hidráulica muy baja (acuitardo), ya que está formado mayoritariamente por arcillas y limos de prodelta. Estos sedimentos se han ido depositando en ambientes marinos a medida que el delta iba avanzando por progradación durante el último ascenso eustático marino. La potencia de este acuífero va aumentando progresivamente de 10 a 50 m desde la parte proximal hasta la parte más distal deltaica.

El acuífero inferior es de tipo multicapa, ya que, si bien predominan las gravas fluviales, estas gravas se intercalan con una cierta frecuencia con sedimentos marinos y perifluviales más finos. Estos materiales datan de hace unos 80.000 años, antes del último ascenso eustático marino. De hecho, constituyen la base sobre la que reposa el delta holocénico. Los escasos estudios que hay sobre este acuífero ponen de manifiesto su alto grado de complejidad, ya que algunos procesos tectónicos (subsidencia, fallas, etc.) han conducido a la formación de discontinuidades sedimentarias. En términos generales, se caracteriza por presentar una gran permeabilidad, si bien se trata de un acuífero cautivo dado el bajo gradiente hidráulico existente. Algunos estudios suponen que es ligeramente surgente en algunos puntos próximos a la línea litoral en mar abierto. Este acuífero se desarrolla entre los 70 y los 500 m de profundidad, aunque en la zona proximal deltaica la potencia disminuye. La salinidad del agua es baja en los niveles más superficiales y en la zona más proximal del delta, áreas en las que se produce una cierta recarga a partir del río y del freático perideltaico; en los niveles más profundos el agua es salabrosa o salina.

 

Cultura e historia

 

Casi podríamos afirmar que historia e historia natural son en el Delta una misma cosa. El poblamiento y el aprovechamiento de los recursos de la llanura deltaica han ido siempre a remolque de su metamorfosis constante. Más tarde, la introducción de los canales para riego significó el impulso principal. No obstante, la privatización de las tierras no fue equitativa.

La contínua progressió de la línia de costa, les successives goles de l'Ebre i els ports resultants, l'ampliació de la superfície amb nous recursos per a caça, pastura, salines, recol·lecció de barrella i regalèssia, la formació de basses amb més possibilitats de pesca o exportació de sangoneres, els canals de navegació que irremissiblement havien de ser per a reg i, finalment, la progressiva ampliació d'una extensa xarxa hidràulica van ser els factors decisius del periòdic assentament de l'home, la dona i els seus xiquets ocupant i transformant amb sacrifici gegantí la Ribera.* L'ajuda dels animals de càrrega va ser imprescindible, i encara se'ls admira avui dia. D'aquesta manera s'ha acomplert la gradual història del Delta, lligada entorn de la família, màxim motor i institució.

Cal diferenciar, però, un primer assentament molt més antic que té lloc tot seguint la desapareguda línia de costa i una posterior ocupació de la plana deltaica, a mesura que l'aprofitament dels recursos la fa cada cop més atractiva. Tribus ilercavòniques, romans i àrabs van viure a terra ferma, i a l'edat mitjana els comtes de Barcelona conquereixen aquestes terres i les repoblen gràcies a la fidel intervenció dels ordes del Temple i dels Hospitalers. Es refan torres de vigilància o se'n fan de noves, disposades segons el corredor costaner on es funden els futurs municipis actuals.

A començaments de l'edat moderna, com a la resta de l'Estat, són expulsats primer els hebreus i després els moriscs d'aquestes terres —pel port dels Alfacs marxen uns 40.000 musulmans procedents d'Aragó, encara que molts es refugien aquí i deixen valuosos testimonis. De fet, la Ribera deu als musulmans, entre altres coses, la construcció i l'ampliació de l'assut de Xerta (1552), d'on més tard arriben els vivificadors canals.

Durant el segle xvi s'edifiquen noves torres de defensa —torre de l'Àngel Custodi, torre de Sant Joan...— a la vora del mar per al control de la pirateria turca. Al costat d'aquestes torres també sorgeixen petits nuclis de població dins la plana, però és als marges centrals del riu, més elevats i poc salabrosos, on s'estableixen a poc a poc la majoria dels riberencs. Un exemple d'això és la construcció de la primitiva capella de la Cava (Deltebre), el 1710. Altres nuclis de població sorgeixen al costat de les salines ja desaparegudes, o dels antics camins per on baixaven els ramats, traçats pels lligallos, institució medieval que a més regulava els usos i costums entre els pastors i les parades públiques de bestiar. La pastura de bous i ovelles que, en un principi, caracteritzava la Ribera passa després a un segon terme.

Un moment clau, malauradament fracassat, és el 1770-1780, quan Carles III pretén amb el canal de navegació i els plànols de «Nueva Población» fer de la petita Ràpita un nou nucli portuari de creixement anomenat San Carlos de la Rápita.

Però el gran canvi històric que propulsa el creixement demogràfic de la Ribera es produeix quan s'inicia el regatge de les terres ermes intentant transformar-les en camps d'arròs, malgrat la por als mosquits i el paludisme («la passa»), les catastròfiques riuades i altres penalitats. Amb l'obertura dels canals, seguida de forts brots de paludisme, fins al 1918 van morir unes 3.000 persones.

Quant a períodes, per tant, la divisòria també és molt clara: abans i després dels canals de reg. Això vol dir l'any 1860 per a l'hemidelta dret i el 1912 per a l'hemidelta esquerre, en què els primers canals donen pas a una expansió de terres de conreu, seguit d'un manifest creixement demogràfic a tot el Delta: dels 5.278 habitants l'any 1857 es passa als 20.013 l'any 1930!

Abans dels canals, una economia primària i extractiva, basada en l'aprofitament dels recursos naturals —pesca, caça, recol·lecció, salines...—; després dels canals, un intens aprofitament agrícola amb reminiscències del període anterior.

Aquesta barreja isolada d'activitats —pastors, caçadors, pescadors, pagesos o navegants— dutes combinadament a terme per gent vinguda d'arreu explica el caràcter diferenciat, heterogeni i obert dels riberencs. Explica també molts aspectes culturals, de parla, indumentària, dansa o menjars elaborats en una síntesi autòctona i a la vegada forastera. Els 250 noms locals per els ocells —una de les nomenclatures locals més riques del món— en són un bon exemple.

Cal advertir, però, que l'aprofitament de la Ribera no ha estat equitatiu. La marcada diferència entre grans propietats i les innumerables petites explotacions familiars que han perdurat fins avui —el 60% de les més de 3.000 explotacions arrosseres actuals no superen les 4 ha— ve de molt lluny. Ja des del 1719, amb les primeres concessions reials de latifundis per collir la barrella, junt amb les precipitades desamortitzacions del segle xix, que subhastaven els «prados baldíos», i les posteriors vendes fàcils als escassos adinerats són les principals causes de la desigual privatització dels terrenys estatals, menyspreats abans dels canals. Això provoca una marcada diferència en l'estructura de la propietat: una immensa massa de bracers que amb el seu esforç van redimir la Ribera, i van anar comprant a poquet a poquet un tros d'arrossar, on van edificar la casa —així s'explica també el perquè de la població dispersa—, als amos que posseïen les terres i vivien més lluny. Malgrat tot, les riberenques i els riberencs sempre s'han sentit orgullosos del seu esforç i dels resultats que ara tots admirem: els il·limitats camps d'arròs.

* Ribera, nom local amb el qual s'anomena el Delta.

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